GOTAS DE LUNA
Cuando te bañas, tu cuerpo perfuma el agua,
las flores en el estanque tienen
un espejo donde mirarse.
Como dos veleros rojos, tus pezones
corren por el mar de mis ojos hambrientos.
Mójame con esa ola de tu alegría
que está cambiando el sentido de las cosas.
No dejes que yo vaya por el mar abierto,
¡quiero ser marinero de tus orillas!
Y una noche cualquiera, te decidas
a apagar esta sed loca que te mira,
cuando te bañas y vas perfumando el agua,
vestida con gotas infinitas de luna.
sábado, 10 de enero de 2009
ÓSCAR ARANCIBIA VILLALBA
MANIFIESTO
El río, la llareta, el viento y las quebradas los puso ahí nuestro Dios,
Pachacamac, creador de todas las cosas; nosotros, pusimos las pircas
y fuimos acomodando la vida,
nos hicimos naturaleza y la madre tierra nos acogió en su seno
y nos acurrucó en sus brazos,
por eso somos rio, somos piedra, somos montaña,
y si le quiebran los brazos al río son mis brazos,
si le sacan el agua al lago, me desangro, si matan al ganado, me matan.
Pachacamac, se nos acaba la vida, qué va a ser de nosotros
sin ver florecer el cactus, sin escuchar cantar las cuculis,
sin ver correr los llamitos,
¡Qué va a ser de nosotros!
Vicuñas de pelos grises, manantial con canto y lluvia,
fronteras que ha nadie sirven, tierras que fueron nuestras,
herencia que nada queda.
Se nos acaba la vida, por eso lloro y cuando el indio llora, llora la tierra,
porque yo soy tierra y pertenezco a ella,
porque soy condor,
porque soy parina,
porque soy cuculi,
porque soy cactus,
porque soy llareta,
porque soy viento del color del frío
y sin el aire puro ¡no vivo! y sin el fruto de la tierra ¡no vivo!
y porque no me queda nada, por eso lloro,
Pachacamac, Arumanti cutiña jiguasanki; Pachacamac,
¿Volverá a florecer la Primavera?
El río, la llareta, el viento y las quebradas los puso ahí nuestro Dios,
Pachacamac, creador de todas las cosas; nosotros, pusimos las pircas
y fuimos acomodando la vida,
nos hicimos naturaleza y la madre tierra nos acogió en su seno
y nos acurrucó en sus brazos,
por eso somos rio, somos piedra, somos montaña,
y si le quiebran los brazos al río son mis brazos,
si le sacan el agua al lago, me desangro, si matan al ganado, me matan.
Pachacamac, se nos acaba la vida, qué va a ser de nosotros
sin ver florecer el cactus, sin escuchar cantar las cuculis,
sin ver correr los llamitos,
¡Qué va a ser de nosotros!
Vicuñas de pelos grises, manantial con canto y lluvia,
fronteras que ha nadie sirven, tierras que fueron nuestras,
herencia que nada queda.
Se nos acaba la vida, por eso lloro y cuando el indio llora, llora la tierra,
porque yo soy tierra y pertenezco a ella,
porque soy condor,
porque soy parina,
porque soy cuculi,
porque soy cactus,
porque soy llareta,
porque soy viento del color del frío
y sin el aire puro ¡no vivo! y sin el fruto de la tierra ¡no vivo!
y porque no me queda nada, por eso lloro,
Pachacamac, Arumanti cutiña jiguasanki; Pachacamac,
¿Volverá a florecer la Primavera?
RODOLFO KAHN
SIMETRÍA Y FULGOR DE LA NIRVANA
Simetría y fulgor de la NirvanA
por un instante
¿Alguien podría olvidar a Ana vriN
y esa costumbre suya inveterada de dormirse desnuda
delante de un espejo antimateria?
Simetría y fulgor de la NirvanA
por un instante
¿Alguien podría olvidar a Ana vriN
y esa costumbre suya inveterada de dormirse desnuda
delante de un espejo antimateria?
GUILLERMO ROSS-MURRAY
AJEDREZ DEL TERCER MUNDO
en memoria de ROQUE DALTON, poeta salvadoreño
La ventana en el rostro.
Peón confiado en campo verde
y...¡de súbito!
vasallo negro, esbirro negro, general
lóbrego.
Tenebroso avance de intereses rubios
con armas negras: entre alevosía
y odio,
¡enroque!
y perseguidos somos por rojas carreteras
y por montañas.
El país tajado
Algunos peones desaparecen.
Caballos negros fusilan a torre
roja
durante el año 75 del siglo veinte después de cristo:
¡Desolación en la Taberna
y en otros lugares!
Pero,
nuestro juego seguirá sin pausa.
Hasta que todo el tablero cante,
el turno, triunfal,
del ofendido.
en memoria de ROQUE DALTON, poeta salvadoreño
La ventana en el rostro.
Peón confiado en campo verde
y...¡de súbito!
vasallo negro, esbirro negro, general
lóbrego.
Tenebroso avance de intereses rubios
con armas negras: entre alevosía
y odio,
¡enroque!
y perseguidos somos por rojas carreteras
y por montañas.
El país tajado
Algunos peones desaparecen.
Caballos negros fusilan a torre
roja
durante el año 75 del siglo veinte después de cristo:
¡Desolación en la Taberna
y en otros lugares!
Pero,
nuestro juego seguirá sin pausa.
Hasta que todo el tablero cante,
el turno, triunfal,
del ofendido.
RODRIGO ROJAS TERÁN
IMÁGENES SOLITARIAS…
Yo amo los himnos de los vientos cotidianos
porque la música del campamento se ha ido,
y sus sombras y colores se derraman en un apartado silencio sin significado.
Los solitarios mineros van hacia la Muerte día a día
por caminos que se convierten en sensibles reflejos;
Al atardecer, retornan por un nuevo camino
donde todo su cauce es piedra, polvo y cobre; y desde
sus almas crece un canto testificado en la hambruna de la Pampa y la Tierra.
Cuando amo la noche, los Pirquineros-Fantasmas,
salen por los túneles de la mina,
llevando en su carretilla pedazos de cobre,
trozos de olvidos y recuerdos que fulgurecen desde los cerros durante años y años.
Ahora, en el despertar blindado del amanecer,
un sol difuso se asoma en los pliegues de las nubes,
los solitarios mineros se ven con sus propios fantasmas,
alcanzando signos en el relieve caminante
donde una danza de polvos gira y propaga su sello,
ahí mismo ellos me han dicho: “Y cuando llegue el tiempo de morir, hijo,
sólo los objetos perdurarán con su música a través de los caminos;
el polvo, la piedra y el cobre”.
Yo amo los himnos de los vientos cotidianos
porque la música del campamento se ha ido,
y sus sombras y colores se derraman en un apartado silencio sin significado.
Los solitarios mineros van hacia la Muerte día a día
por caminos que se convierten en sensibles reflejos;
Al atardecer, retornan por un nuevo camino
donde todo su cauce es piedra, polvo y cobre; y desde
sus almas crece un canto testificado en la hambruna de la Pampa y la Tierra.
Cuando amo la noche, los Pirquineros-Fantasmas,
salen por los túneles de la mina,
llevando en su carretilla pedazos de cobre,
trozos de olvidos y recuerdos que fulgurecen desde los cerros durante años y años.
Ahora, en el despertar blindado del amanecer,
un sol difuso se asoma en los pliegues de las nubes,
los solitarios mineros se ven con sus propios fantasmas,
alcanzando signos en el relieve caminante
donde una danza de polvos gira y propaga su sello,
ahí mismo ellos me han dicho: “Y cuando llegue el tiempo de morir, hijo,
sólo los objetos perdurarán con su música a través de los caminos;
el polvo, la piedra y el cobre”.
ALEJANDRO JORDÁN
LA CASA INMÓVIL
Las vidas con poca gracia
saben que los buitres
las revolotean en círculos.
Saben que la muerte
no las mira con absoluta pereza.
Y saben que
si se han ido
de bastantes sitios
es sólo al interior de la casa.
La casa del aburrimiento.
Las vidas con poca gracia
saben que los buitres
las revolotean en círculos.
Saben que la muerte
no las mira con absoluta pereza.
Y saben que
si se han ido
de bastantes sitios
es sólo al interior de la casa.
La casa del aburrimiento.
MARKOS QUISBERT
ÉL TENÍA IDEALES DE GRANDEZA
Hace unos instantes
él tenía ideales de grandeza
ahora se ríe de actual imagen reflejada en los vidrios.
Pasa horas y horas sentado comiendo duraznos
leyendo un libro de poemas de Edward Lear
se exaspera refunfuña solo
no quiere probar otro bocado
menos dormir una siesta
Reiteradamente se da de cachetadas
se levanta da un giro de izquierda a derecha
volviendo a sentarse en su silla de metal
mientras el sol refulge en sus gafas
mastica y mastica hasta quebrarse los dientes
partiendo el cuesco de la fruta
Hace unos instantes
él tenía ideales de grandeza
ahora se ríe de actual imagen reflejada en los vidrios.
Pasa horas y horas sentado comiendo duraznos
leyendo un libro de poemas de Edward Lear
se exaspera refunfuña solo
no quiere probar otro bocado
menos dormir una siesta
Reiteradamente se da de cachetadas
se levanta da un giro de izquierda a derecha
volviendo a sentarse en su silla de metal
mientras el sol refulge en sus gafas
mastica y mastica hasta quebrarse los dientes
partiendo el cuesco de la fruta
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