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jueves, 22 de noviembre de 2012

NANA GUTIÉRREZ

LAS POETISAS

OJO!
Han de saber Ustedes
que no hay nada mas deplorable
nada mas fastidioso
que las Señoritas Poetisas!
Estas Señoritas han invadido el mundo
han invadido los Círculos Literarios
han hecho morir del corazón,
a varios catedráticos!
Las hay de todos colores
y de todas tallas:
Poetisas de bigote
Poetisas sin escrúpulos
Poetisas con dientes postizos
Poetisas con faltas de ortografía
Poetisas flacas como
agujas de costureras tristes.
Poetisas en busca de un marido
Poetisas terror de Editoriales!
Poetisas que persiguen
a los Premios Nacionales.
Poetisas madres de familia.
Poetisas que van por las calles
ubicando a sus victimas.
Y las hay peores:
Poetisas Lolitas
Poetisas beatniks
Poetisas con pantalones
Saint Tropez
(capaces de volver loco a
cualquier Poeta del gremio)
Poetisas que escriben con el dedo.
Poetisas que sueñan con ser hombres
Poetisas recién dadas de alta
del Hospital Psiquiátrico.
Poetisas en tratamiento perpetuo.
Poetisas de provincia
Poetisas de la Antártida
Poetisas capaces de odiosos recitales.
Poetisas a punto de suicidarse
Poetisas de vuelta del suicidio.
Poetisas para bautizos
Poetisas adictas
a tomar Coca Cola.
Poetisas de pelo en pecho.
Poetisas picadas de viruela
Poetisas Beatles.
Pero, Ojo! Señores, todas ellas
terminaran con esta
maquiavélica invasión
con esta lluvia
con este vendaval
con este azote
con esta nueva especie atómica
acabaran os digo
Con todos los Géneros Literarios!
¡Dios Mío!

domingo, 4 de noviembre de 2012

JOSÉ G. MARTÍNEZ FERNÁNDEZ

 BERTA ORTÍZ RIVERA

Soy incrédulo Señor de ti.
Te cito con mayúscula siguiendo la tradición.
Desde muy joven no he creído en ti.
No podría haber un ser que diciendo amar
permitiera alguna muerte.

Peor aún ahora que veo que en una de tus iglesias
van a hacer misa por la muerte de una luz tan bella
de una ventana tan clara, de una rosa infinita.

Murió hace quince años.
Es decir se fue tan joven, tan rápida como los astros,
como las aves ágiles.

Yo supe tarde de su muerte.
Otro aviso de misa me contó esa historia
viendo hoy domingo 4 de noviembre 
un diario veo que se cumplen quince años de su fin.

Tantos años ha que la muerte se llevó a esa bella.
Berta era como un montoncito de nubes límpidas.

Yo la conocí cuando era una niña.
Una frescura de amapolas...
cuando conversábamos de las simples cosas.

Era muy dulce y muy bella.
La muerte no tenía derechos sobre ella.

Yo he olvidado esas conversaciones
pero tengo en el pecho su voz y toda su belleza.

Mi amiga era muy hermosa cuando niña.
No supe más durante décadas hasta encontrarme con la noticia de su muerte.

Tan, tan bella...
esa niña de la Pacífico...

Ah...deberá estar en un sol, como ella, 
toda la grandeza de mi amiga
Berta Ortíz Rivera.


(Poema escrito en unos minutos de este 4 de noviembre de 2012)

viernes, 26 de octubre de 2012

JAIME MOYA ZÚÑIGA


MINICRISIS

Hoy tuve uno de esos días
en que no tenerte
me pareció la cosa más normal
del mundo.

lunes, 1 de octubre de 2012

STELLA DÍAZ VARÍN

VEN DE LA LUZ, HIJO

Que te ciegue la luz, hijo.
Ven de la luz;
Desde donde la pupila sueña
y vuelve atormentada,
como un escombro vivo,
como especie de flor, como pájaro.
Carbón de víscera terrestre,
así como víscera de árbol.
Deja que se ensañe la luz, hijo,
Desciende como los antiguos ángeles,
como los malos discípulos,
ardiendo en su pasión, desheredados.
Así como las fieras, hijo.
Incomprendidas del río, intocadas
absolutas, tristes.
Ese será el día
-presentimiento que no quise,
tú sabes, los conoces-
que tomaré la forma deseada.
Ojo de estiércol, húmedo;
aprisionaré tu llama,
tu superficie extraceleste
tu mirada de centro obscuro,
tu trigal;
la tibia voluntad de tu piel
me ayudará y seremos.
Nunca antes pudimos.
Yo era como esas pequeñas fuentes secas.
Desciende, hijo, de la luz;
avizora el espacio,
avizora el horizonte.
La curva que deja el corazón de un muerto,
la mano que se esconde,
la mano que nadie quiso acariciar.
Seremos.
Tú y yo venidos
irremisiblemente;
unidos como dos tallos jóvenes aún;
Queriendo apenas lo que no se nos dio.
Amando
lo que la luz aconseja:
el vértigo, la hondonada, el silencio.
el color de las piedras;
tantas cosas simples y distintas.
Llegaremos a amar la contextura de Dios
tan difusa;
tan perfecta como tus pequeños ídolos.
La madera de Dios
tan bella y roja
como el corazón de los árboles.
Tan bella y roja
como el corazón del veneno.
Que te ciegue la luz, hijo.
Que te atormente.
Ven de la luz, inúndate;
Ten la luz y desmiente la tiniebla.
Ven, hijo, arrodíllate.
Cree en los amaneceres.
En la luz son más bellos los ojos de Dios.

jueves, 6 de septiembre de 2012

ÓSCAR HAHN

EN UNA ESTACIÓN DEL METRO

Desventurados los que divisaron
a una muchacha en el Metro
y se enamoraron de golpe
y la siguieron enloquecidos
y la perdieron para siempre entre la multitud
Porque ellos serán condenados
a vagar sin rumbo por la estaciones
y a llorar con las canciones de amor
que los músicos ambulantes entonan en los túneles
Y quizás el amor no es más que eso:
una mujer o un hombre que desciende de un carro
en cualquier estación del Metro
y resplandece unos segundos
y se pierde en la noche sin nombre

domingo, 19 de agosto de 2012

MAYO MUÑOZ

CARTA A MI HIJA



(Iquique, 21 de diciembre de 1907)



Hija, cuando leas esta carta, talvez ya no esté sobre la tierra.



Me habrán muerto y enterrado en oscuro pudridero



bajo llaves siniestras del silencio.



Han rodeado la plaza los mastines,



los mismos que tapiaron con trinita ayer



los sueños estañados de mi padre en la doliente Oruro.







Te escribo arrodillado ante el abismo



y aún cuando diciembre cubre Iquique con metálica tibieza,



la soledad desgaja su frío vellocino.



¡Cuculí del Ande, que pastoreas los cielos de la infancia,



si vine a este salitral a conquistar la fragancia de los sueños,



es porque te amo y quisiera en tu frente mi semilla!







Frente al bronce cantarino de esta escuela,



aprieto el crucifijo que tallaste dulcemente



a golpes de oración y bofedales.



La muerte calza las jinetas del oprobio y no me importa,



pues nosotros, carajo



-aprendices de la luz más honda del honor-



¡Muriendo con chilenos!







Hija, mañana ven a verme



no importa que no encuentres mi cadáver,



no importa que no sepas dónde poner las perlas de la pena.



Ven y quédate a vivir cerca de este mar que hemos perdido.



Hija mía, la herencia que te dejo,



es la conciencia que conquisté con mis hermanos



escupiendo por el hígado la sangre.



Hija, que en tu felicidad se cuaje mi venganza,



pues ya no tengo más sangre para darte.



¡Ya no tengo más sangre para darte!















viernes, 20 de julio de 2012

JOSÉ G. MARTÍNEZ FERNÁNDEZ


EN EL CORAZÓN DE UN HOMBRE HAY UNA HERIDA MUY MARCADA



lo digo por la luz que afuera marca el ángulo vidrial

de mi departamento

sin ninguna gota de agua o con todas

me he pasado los años mirando el cielo que me negaste

a veces me gusta y a veces me da ira

pero el placer de seguir por tus ríos me llena de una alegría

que quizás sin tu marca nunca tendría

eres esa alegría y eres el dolor, esta herida es muy ancha

y tú la sabes

y es largamente nostálgico sentir que tu mar

está muy lejos en el tiempo

que ya no puedo tener de tu sangre

los sueños de unos niños

que a estos jardines viajarían

y así se me van los días

con la sola idea de ti.