viernes, 26 de octubre de 2012
JAIME MOYA ZÚÑIGA
MINICRISIS
Hoy tuve uno de esos días
en que no tenerte
me pareció la cosa más normal
del mundo.
lunes, 1 de octubre de 2012
STELLA DÍAZ VARÍN
VEN DE LA LUZ, HIJO
Que te ciegue la luz, hijo.
Ven de la luz;
Desde donde la pupila sueña
y vuelve atormentada,
como un escombro vivo,
como especie de flor, como pájaro.
Carbón de víscera terrestre,
así como víscera de árbol.
Que te ciegue la luz, hijo.
Ven de la luz;
Desde donde la pupila sueña
y vuelve atormentada,
como un escombro vivo,
como especie de flor, como pájaro.
Carbón de víscera terrestre,
así como víscera de árbol.
Deja que se ensañe la luz, hijo,
Desciende como los antiguos ángeles,
como los malos discípulos,
ardiendo en su pasión, desheredados.
Así como las fieras, hijo.
Desciende como los antiguos ángeles,
como los malos discípulos,
ardiendo en su pasión, desheredados.
Así como las fieras, hijo.
Incomprendidas del río, intocadas
absolutas, tristes.
Ese será el día
-presentimiento que no quise,
tú sabes, los conoces-
que tomaré la forma deseada.
absolutas, tristes.
Ese será el día
-presentimiento que no quise,
tú sabes, los conoces-
que tomaré la forma deseada.
Ojo de estiércol, húmedo;
aprisionaré tu llama,
tu superficie extraceleste
tu mirada de centro obscuro,
tu trigal;
la tibia voluntad de tu piel
me ayudará y seremos.
aprisionaré tu llama,
tu superficie extraceleste
tu mirada de centro obscuro,
tu trigal;
la tibia voluntad de tu piel
me ayudará y seremos.
Nunca antes pudimos.
Yo era como esas pequeñas fuentes secas.
Desciende, hijo, de la luz;
avizora el espacio,
avizora el horizonte.
La curva que deja el corazón de un muerto,
la mano que se esconde,
la mano que nadie quiso acariciar.
Yo era como esas pequeñas fuentes secas.
Desciende, hijo, de la luz;
avizora el espacio,
avizora el horizonte.
La curva que deja el corazón de un muerto,
la mano que se esconde,
la mano que nadie quiso acariciar.
Seremos.
Tú y yo venidos
irremisiblemente;
unidos como dos tallos jóvenes aún;
Queriendo apenas lo que no se nos dio.
Amando
lo que la luz aconseja:
el vértigo, la hondonada, el silencio.
el color de las piedras;
tantas cosas simples y distintas.
Llegaremos a amar la contextura de Dios
tan difusa;
tan perfecta como tus pequeños ídolos.
La madera de Dios
tan bella y roja
como el corazón de los árboles.
Tan bella y roja
como el corazón del veneno.
Que te ciegue la luz, hijo.
Que te atormente.
Ven de la luz, inúndate;
Ten la luz y desmiente la tiniebla.
Ven, hijo, arrodíllate.
Cree en los amaneceres.
En la luz son más bellos los ojos de Dios.
Tú y yo venidos
irremisiblemente;
unidos como dos tallos jóvenes aún;
Queriendo apenas lo que no se nos dio.
Amando
lo que la luz aconseja:
el vértigo, la hondonada, el silencio.
el color de las piedras;
tantas cosas simples y distintas.
Llegaremos a amar la contextura de Dios
tan difusa;
tan perfecta como tus pequeños ídolos.
La madera de Dios
tan bella y roja
como el corazón de los árboles.
Tan bella y roja
como el corazón del veneno.
Que te ciegue la luz, hijo.
Que te atormente.
Ven de la luz, inúndate;
Ten la luz y desmiente la tiniebla.
Ven, hijo, arrodíllate.
Cree en los amaneceres.
En la luz son más bellos los ojos de Dios.
jueves, 6 de septiembre de 2012
ÓSCAR HAHN
EN UNA ESTACIÓN DEL METRO
Desventurados los que divisaron
a una muchacha en el Metro
y se enamoraron de golpe
y la siguieron enloquecidos
y la perdieron para siempre entre la multitud
Porque ellos serán condenados
a vagar sin rumbo por la estaciones
y a llorar con las canciones de amor
que los músicos ambulantes entonan en los túneles
Y quizás el amor no es más que eso:
una mujer o un hombre que desciende de un carro
en cualquier estación del Metro
y resplandece unos segundos
y se pierde en la noche sin nombre
y se enamoraron de golpe
y la siguieron enloquecidos
y la perdieron para siempre entre la multitud
Porque ellos serán condenados
a vagar sin rumbo por la estaciones
que los músicos ambulantes entonan en los túneles
Y quizás el amor no es más que eso:
en cualquier estación del Metro
y resplandece unos segundos
y se pierde en la noche sin nombre
domingo, 19 de agosto de 2012
MAYO MUÑOZ
CARTA A MI HIJA
(Iquique, 21 de diciembre de 1907)
Hija, cuando leas esta carta, talvez ya no esté sobre la tierra.
Me habrán muerto y enterrado en oscuro pudridero
bajo llaves siniestras del silencio.
Han rodeado la plaza los mastines,
los mismos que tapiaron con trinita ayer
los sueños estañados de mi padre en la doliente Oruro.
Te escribo arrodillado ante el abismo
y aún cuando diciembre cubre Iquique con metálica tibieza,
la soledad desgaja su frío vellocino.
¡Cuculí del Ande, que pastoreas los cielos de la infancia,
si vine a este salitral a conquistar la fragancia de los sueños,
es porque te amo y quisiera en tu frente mi semilla!
Frente al bronce cantarino de esta escuela,
aprieto el crucifijo que tallaste dulcemente
a golpes de oración y bofedales.
La muerte calza las jinetas del oprobio y no me importa,
pues nosotros, carajo
-aprendices de la luz más honda del honor-
¡Muriendo con chilenos!
Hija, mañana ven a verme
no importa que no encuentres mi cadáver,
no importa que no sepas dónde poner las perlas de la pena.
Ven y quédate a vivir cerca de este mar que hemos perdido.
Hija mía, la herencia que te dejo,
es la conciencia que conquisté con mis hermanos
escupiendo por el hígado la sangre.
Hija, que en tu felicidad se cuaje mi venganza,
pues ya no tengo más sangre para darte.
¡Ya no tengo más sangre para darte!
(Iquique, 21 de diciembre de 1907)
Hija, cuando leas esta carta, talvez ya no esté sobre la tierra.
Me habrán muerto y enterrado en oscuro pudridero
bajo llaves siniestras del silencio.
Han rodeado la plaza los mastines,
los mismos que tapiaron con trinita ayer
los sueños estañados de mi padre en la doliente Oruro.
Te escribo arrodillado ante el abismo
y aún cuando diciembre cubre Iquique con metálica tibieza,
la soledad desgaja su frío vellocino.
¡Cuculí del Ande, que pastoreas los cielos de la infancia,
si vine a este salitral a conquistar la fragancia de los sueños,
es porque te amo y quisiera en tu frente mi semilla!
Frente al bronce cantarino de esta escuela,
aprieto el crucifijo que tallaste dulcemente
a golpes de oración y bofedales.
La muerte calza las jinetas del oprobio y no me importa,
pues nosotros, carajo
-aprendices de la luz más honda del honor-
¡Muriendo con chilenos!
Hija, mañana ven a verme
no importa que no encuentres mi cadáver,
no importa que no sepas dónde poner las perlas de la pena.
Ven y quédate a vivir cerca de este mar que hemos perdido.
Hija mía, la herencia que te dejo,
es la conciencia que conquisté con mis hermanos
escupiendo por el hígado la sangre.
Hija, que en tu felicidad se cuaje mi venganza,
pues ya no tengo más sangre para darte.
¡Ya no tengo más sangre para darte!
viernes, 20 de julio de 2012
JOSÉ G. MARTÍNEZ FERNÁNDEZ
EN EL CORAZÓN DE UN HOMBRE HAY UNA HERIDA MUY MARCADA
lo digo por la luz que afuera marca el ángulo vidrial
de mi departamento
sin ninguna gota de agua o con todas
me he pasado los años mirando el cielo que me negaste
a veces me gusta y a veces me da ira
pero el placer de seguir por tus ríos me llena de una alegría
que quizás sin tu marca nunca tendría
eres esa alegría y eres el dolor, esta herida es muy ancha
y tú la sabes
y es largamente nostálgico sentir que tu mar
está muy lejos en el tiempo
que ya no puedo tener de tu sangre
los sueños de unos niños
que a estos jardines viajarían
y así se me van los días
con la sola idea de ti.
lunes, 9 de julio de 2012
NEFTALÍ AGRELLA
TODOS QUEREMOS NAVEGAR
Entre oblicuas linternas que rayan singladuras
el piloto desdobla el tapiz de los viajes
desde polos de yeso hasta los ecuadores
que zarpan cargados de frutas maduras.
Y los barcos se llevan en sus ramas sin hojas
enredadas como serpentinas
las músicas marinas
hasta el borde azul de las extensas radas
Ahora
frente al puerto
ha venido a quedar anclado el ARCO IRIS
con el casco pintado de siete colores.
viernes, 29 de junio de 2012
JUAN CARLOS GARCÍA ARAYA
LA TUMBA DEL VIEJO MARX
Visito a Marx que yace en Londres
Visito a Marx que yace en Londres
en un antiguo cementerio
reunido con su familia,
pero no descansa en paz.
Fotografío otras tumbas
donde se restituyen a la tierra
Claudia Vera Jones y Saad Mohamed Alí
Ian Dorans y Yussuf Mohamed Dadoo,
marxistas de otros pueblos
que tampoco descansan en paz.
Mientras exista un ser humano con hambre
ni los muertos y aún menos los vivos
deberían descansar en paz.
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